lunes, 10 de marzo de 2014

Todo el mundo quiere mandar sobre los demás.

Es curioso, parece que el deporte nacional en España no fuese el fútbol, sino juzgar y mandar sobre la vida de los demás.

Al español medio le gusta persuadir, aconsejar, ordenar, dejar entrever e insinuar que muchos sino todos los actos que realizas a diario están mal hechos y que deben ser corregidos según su consigna, dándose casos absurdos como que alguien que no tiene hijos aconseje a quien si los tiene sobre cómo educarlos, o alguien que no tiene trabajo indique lo mal que lo está haciendo a otro que sí tiene el empleo.

Y no creáis que el hecho de que un individuo no conozca a otro lo echa para atrás, en la manía de aconsejar, se presupone basándonse en nada, se manda callar sin conocer y se asegura sin comprobar, que las cosas se están haciendo mal y que deben corregirse, aunque jamás se haya comentado nada acerca de un determinado tema, seguro que te encuentras a alguien que te dice que lo estás haciendo mal.

Ole sus... Luego la gente se pregunta el porqué de que a España le vaya como le va...Hombre, igual si cada uno intentase mejorar su vida en vez de dedicar todos sus recursos a señalar los errores de los demás, otro gallo nos cantaría. Ah no, que la culpa es de una coyuntura global, o de los políticos contrarios a los propios, o de que los mayas se equivocaron al pronosticar el fin del mundo. Al final somos muy pocos los que aún nos responsabilizamos de nuestros actos y pasamos más tiempo tratando de mejorarnos a nosotros mismos que echando lodo sobre terceros.

Y por eso, somos los que vamos logrando cositas. Cositas que siempre se atribuyen a suerte, casualidades o azar, pero nunca a la manera de hacer las cosas, no vaya a ser que realmente pudiesemos estar haciendo las cosas bien.

En fin, todo esto viene porque el finde pasado, la primera vez en un mes que tuve tiempo para ir a una cafetería a tomar una cerveza y leer el periódico, alguien me llamó la atención. Y no creáis que lo conocía, lo había visto una vez en mi vida y desde entonces ha tratado de que done dinero a su organización, con todo tipo de tretas. Y me llamó la atención porque parece ser que si yo no tenía tiempo entre trabajar, estudiar, escribir y reflexionar como para sacar un hueco y charlar con el "todos los ... días", cómo era posible que pudiera estar en una cafetería tomando algo.

Sí, amigos sí, parece ser que trabajar, estudiar, escribir y reflexionar no es mérito suficiente para poder tomarte una cerveza al mes sin que una especie de ...señor, te llame la atención y vuelva a insistirte en que dones pasta para una causa, que es ajena a tus preocupaciones.

En fin, dice una amiga que en realidad, el número de idiotas en el mundo es muy pequeño, pero que están repartidos estratégicamente, para que te encuentres con al menos uno cada día.

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